Leah
Una maldita pistola.
—Una pistola de juguete —corrigió Aiden sin mirarme.
—Tiene cinco años.
Roman ya había levantado una de plástico azul del set, sus dedos enroscándose alrededor del gatillo.
—Dispara dardos de espuma —respondió Aiden con calma.
—Roman, suelta eso.
Me miró hacia arriba, la incertidumbre filtrándose en la emoción de su rostro. —Mami.
Ni siquiera sus ojos de cachorro iban a hacerme cambiar de opinión.
—Bebé —dije suave pero firmemente—, ponla de vuelta en la caja.