Leah
Presioné el timbre y se abrió al tercer tono.
Edward estaba detrás de la puerta sin camisa y descalzo, con los rizos revueltos como si se hubiera pasado la mano por ellos muchas veces.
Parpadeó cuando me vio. —¿Leah?
Mi estómago se retorció de culpa.
Había venido a disculparme por lo de anoche y había pasado horas ensayando, pero cada palabra desapareció en el momento en que lo vi.
—Hola.
—Hola —repitió—. No te esperaba.
—Sí... intenté llamar antes de venir, pero no contest