Leah
Freya soltó una risita a mi lado.
—¿Por qué actúa como si alguien fuera a arrebatártelo?
Bueno, tu hermano psicópata sí amenazó con obligarme a comerme mis propios huesos.
Pasó un brazo sobre mis hombros.
—Vamos —dijo con una sonrisa brillante—. Divirtámonos sin hombres controladores.
Mira caminó detrás de nosotras mientras Freya nos guiaba hacia el gran salón.
—La primera vez que nos conocimos me caíste mal —comenzó.
No me digas.
—Pero ahora... creo que no eres tan mala. —Me sonrió.
Antes