Leah
—No te muevas —siseó—. No digas una puta palabra. Quédate quieta.
El hombre llegó hasta nosotros, su mirada recorriéndome lentamente.
—Señor —dijo Aiden con la voz tensa—. No esperaba verlo aquí esta noche.
El hombre que supuse era el Don soltó una risa baja, alternando la mirada entre el agarre posesivo de Aiden sobre mí y mi cuello.
—Esta es nueva —dijo.
—Solo una de las chicas del club.
—Ah. —Se lamió el labio, sin apartar los ojos de mí—. ¿Cómo te llamas, princesa?
—No es nadie —interr