Con mis manos apoyadas en el volante de mi querida Romi, lloró. Mis lágrimas mojan de más las mangas de mi camisa.
Maldito.
Quién sabe desde cuándo no lo sabría, y yo como una estúpida, jugando su juego. Me dispongo a prender a Romi y vaya sorpresa, no prende.
Maldita sea Romi.
Prende, por favor.
Pude ver a Palmer acercarse a mí desde el retrovisor, supe que pasaría si no lograba irme ahora mismo.
Prende Romi. Te lo suplico linda.
Palmer estaba cada vez más cerca, pude ver que traía un sobre en