¡Dios santo! No quiero pararme. La noche de anoche se tornó larga gracias a ciertos mensajes con el señor Don Mateo. No puedo evitar sentir tanta vergüenza y creo que será peor cuándo llegué a la oficina y tenga que pasar el día entero viéndole.
Si bien en los mensajes no hubo nada del otro mundo, ni mucho menos nada caliente pero, sí hubieron dobles sentidos. Mateo es un loquillo.
Me levanto de la cama en contra de toda mi voluntad y me dispongo a organizarme para el trabajo.
Anoche no pude ev