El almuerzo transcurrió normal, sin más acontecimientos inesperados y sin momentos embarazosos.
La tierna florecita de verano se ofreció a llevarme a mi departamento y no me negué, también quedó en que pasaría por mi por la mañana ya que mi pobre Romi quedó en el estacionamiento de la empresa.
Al llegar a mi dulce hogar me dispuse a quitar mi ropa para así entrar al baño a darme una buena ducha.
Hice todo con toda la tranquilidad del mundo, no tenía afán ni carreras.
Al terminar salí a la peque