*—Ezra:
Continuaron haciendo la compra, pero en ese momento, su teléfono vibró en el bolsillo de sus pantalones.
Ezra frunció el ceño. Era su día libre, pero Dante no siempre respetaba eso. No sería la primera vez que lo llamaba para pedirle que comprara algún regalo improvisado para sus amantes u organizarle un detalle de último minuto.
Con un suspiro resignado, sacó el celular. Sin embargo, la molestia se desvaneció al ver el nombre en pantalla: Engel.
—Vaya, hace un momento pensaba en