*—Dante:
Permitió que Ezra lo guiara hacia la habitación y, apenas estuvieron a solas, su compañero se volvió para abrazarlo. Dante lo rodeó de inmediato con los brazos y lo estrechó contra su pecho. Cerró los ojos un instante, disfrutando simplemente de tenerlo allí. Durante dos semanas había vivido con el miedo constante de perderlo, de despertar y recibir una mala noticia, así que tenerlo nuevamente entre sus brazos se sentía casi irreal.
Permanecieron así varios segundos, abrazados en sile