*—Dante:
—Escucha —habló uno de ellos finalmente, el que no tenía heridas visibles en la cara. Su voz era tranquila, demasiado tranquila para alguien en su posición—. Solo queríamos nuestro dinero. Íbamos a entregar a tu compañero sin problemas, pero ese omega hizo trampa y…
—¿El omega? —lo interrumpió el otro gemelo, el golpeado, girando la cabeza hacia él con molestia—. Tú fuiste quien envió la foto, idiota.
El alfa herido soltó una risa seca y luego levantó la vista hacia Dante.
—No sé qué l