*—Dante:
Dante negó lentamente con la cabeza, incrédulo, incapaz de procesarlo. Era absurdo. Inaceptable. Sin embargo, mientras lo observaba, cada detalle se grababa en su mente: la piel pálida resaltando bajo el cuero del collar, la garganta que se tensaba al tragar, los labios entreabiertos por la respiración contenida. Algo dentro de él comenzó a encajar, aunque no quería admitirlo.
Ese aroma dulce que siempre lo había enloquecido no era un maldito champú. La manera en que Ezra desviaba la m