*—Dante:
Durante el trayecto al hospital más cercano, Dante lloraba en el asiento delantero, desesperado, con las manos temblándole sobre las piernas y el pecho destrozado por la impotencia. Miraba las luces rojas de la ambulancia delante de ellos y sentía que cada segundo duraba una eternidad.
Había recuperado a Ezra y, aun así, el miedo de perderlo seguía allí, aferrado a su garganta como una sombra cruel que se negaba a soltarlo.
Cuando al fin llegaron, Dante saltó del vehículo incluso antes