*—Dante:
Después del almuerzo, se dirigieron hacia el spa, pero en el camino Ezra se antojó de un helado de fresa, y por supuesto, hubo que hacer una parada. Dante lo observó mientras lo disfrutaba con una concentración casi indecente, los labios rozando la crema fría, la lengua atrapando lo que se derretía y su mente, traicionera, decidió llevar esa imagen a otro lugar. Sintió cómo su cuerpo reaccionaba de inmediato, tensándose dentro de sus pantalones, y tuvo que apartar la mirada, carraspear