*—Ezra:
Dante sabía exactamente cómo volverlo loco. Conocía cada una de sus debilidades, cada punto donde el placer se volvía demasiado intenso y abrumador. Sabía cuánto le avergonzaba sentarse en su cara para que le comiera el agujero, y, aun así, cada vez que intimaban, Dante siempre encontraba la forma de llevarlo hasta ese límite.
La lengua de Dante siempre se movía tan rápido, logrando tocar esos lugares que lo excitaban y le hacían perder la cabeza. Era desesperante, y, por ende, Ezra si