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*—Ezra:

No podía dejar de temblar.

Ezra intentó calmarse, inhalar profundo, sostener el aire y soltarlo despacio como tantas veces había hecho en situaciones tensas, pero su cuerpo simplemente no obedecía.

Era absurdo, se lo repetía una y otra vez. Conocía a los Delacroix desde hacía seis años, desde el momento en que empezó a trabajar para Dante. Había estado en esa casa incontables veces, había ayudado a la señora Lauren con pedidos, con eventos, con pequeños imprevistos aun sin ser su asist
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