*—Dante:
Después de que Ezra vomito, este tiró de la cadena, se enjuagó la boca, luego el rostro. Su reflejo en el espejo era devastador. La camisa se le pegaba al cuerpo y dejaba entrever su silueta delgada, firme.
Dante quiso apartar la vista… no pudo.
Su mirada se desvió hacia la ducha, donde un estante metálico sostenía varios botes. Uno, blanco con nubes rosadas, llamó su atención. Se acercó y lo tomó. Era el champú con aroma de algodón de azúcar. El mismo aroma que lo había perseguido d