*—Dante:
Pero mientras conducía por la carretera oscura, el interior del vehículo se llenó de aquel aroma dulce. El aire acondicionado no lograba disiparlo, y el calor subía poco a poco. Su pulso se aceleró. El olor era cada vez más fuerte, envolvente, adictivo. Su piel hormigueaba. Su respiración se volvió pesada. El dulce perfume del algodón de azúcar parecía adherirse a él, provocando que su cuerpo reaccionara.
Dante apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.