*—Dante:
Avergonzado de sus acciones, Dante permaneció alejado y justo entonces percibió el ligero olor dulce y, un segundo después, unos brazos rodeándolo por detrás. El calor de Ezra contra su cuerpo aún tembloroso lo hizo cerrar los ojos con fuerza.
—Fue solo un momento —susurró Ezra, la voz baja, raspada, todavía afectada—. Fue tu instinto de alfa, Dante. No te culpes por esto, ¿de acuerdo?
Sintió las lágrimas quemándole los ojos antes de que pudiera contenerlas, pues escucharlo solo hizo q