Punto de vista de Alexandria
Corrí.
Mis pies descalzos golpeaban contra el frío mármol del pasillo, con el corazón latiendo tan fuerte que sentía que me iba a partir las costillas. La voz de Matteo se quebró en esa sola palabra —Romano— de una forma que jamás había escuchado. No era la fría orden que conocía tan bien. Ni siquiera la furia descontrolada tras el ataque a Rossi. Esto era algo más profundo. Roto.
Me deslicé doblando la esquina hacia la suite de Giulia, conteniendo la respiración.
M