El muelle se sumió en la oscuridad absoluta al apagarse las luces; la repentina ausencia de iluminación nos envolvió como un ser vivo. Los únicos sonidos eran el estruendo de las olas contra los pilotes, nuestra respiración entrecortada y ese zumbido bajo y antinatural que subía del agua: algo entre un gruñido y un susurro que me heló la sangre. Apreté a nuestro hijo con más fuerza contra mi pecho; su pequeño cuerpo, cálido y real, contra mí, mientras mis ojos se esforzaban por distinguir el te