Sin decir una palabra, Lucca abrió su pequeña mochila y sacó algunas piezas electrónicas, montándolas com una destreza impresionante hasta formar una tableta. El dispositivo se inició casi instantáneamente. Había sido un regalo hecho a medida por su tío que vivía en el extranjero, con un teclado adaptado al tamaño de sus manos y una respuesta táctil perfecta.
Sus dedos volaban sobre las teclas, digitando líneas de código a una velocidad que desafiaba la vista. En pocos segundos, localizó la seña