Alessandro se quedó atónito por un momento, pero pronto su corazón se vio inundado por una alegría inesperada. La última vez que había intentado acercarse a la Mansión Rose, Luana lo había detenido en la puerta, alegando que su presencia era inconveniente. Esta era la primera vez que veía, de cerca y sin obstáculos, a los tres pequeños que eran versiones en miniatura de sí mismo. El choque y la emoción eran tan intensos que apenas lograba encontrar las palabras.
Se levantó de la silla bruscament