La profesora observaba la imagen en la videollamada. Aunque su amiga hacía todo lo posible por disimular, la conocía tan bien que notaba hasta el más mínimo cambio en el tono de su voz. Sin mencionar que, en ese momento, se le veía el rostro sonrojado y visiblemente abatido.
De pronto, por alguna razón, la profesora Morgana recordó lo que le había dicho Lucca. No pudo contenerse y, casi sin darse cuenta, murmuró:
—¿Será que el problema realmente está en la línea de investigación?
Aunque hablaba