Camila salió de la mansión a toda prisa, el motor del coche rugiendo como su propio temperamento. Necesitaba detener a la familia de Alessandro; necesitaba impedir que él llegara hasta ellos y descubriera la verdad que la destruiría. Pero una duda la corroía: ¿cuánto tiempo llevaba fuera?
Entró al asiento del conductor, las manos temblando levemente. Tomó el teléfono, vaciló por un instante y marcó. La llamada fue atendida al segundo tono. Camila suavizó la expresión, bajó la voz y destilò un t