Lavínia quedó atónita por un momento, con un destello de sorpresa en sus ojos. Pensaba que Alessandro, con una posición tan privilegiada, tenía una hija a la que le costaba hablar, ¡pero jamás se imaginó que esa pequeña fuera tan elocuente! ¡La había subestimado por completo!
—¿Por qué le robaría yo la partitura a una niña? ¿Cuántos años te llevo de ventaja? Yo ya estaba aprendiendo teoría musical cuando tú apenas naciste —disparó Lavínia.
Lorena no retrocedió ni un milímetro y continuó las pal