-- Ambos durmieron abrazados, rendidos por el cansancio de una noche de entrega absoluta. Alessandro fue el primero en despertar. Permaneció inmóvil durante unos instantes, limitándose a observar a la mujer que amaba, todavía dormida a su lado. El camisón de Luana se había deslizado entre sus curvas mientras dormía; parte de sus pechos quedaba al descubierto y el dobladillo de seda había subido ligeramente, revelando que no llevaba ropa interior. Era una invitación silenciosa y irresistible al