Al ver la presentación de Lorena en el monitor de transmisión, el rostro de Lavínia se volvió sombrío, como si fuera posible exprimir agua de él. Cerrazó los dientes, con las manos firmemente apretadas, y sus ojos, fríos como si hubieran sido extraídos de un pozo profundo, se fijaron en silencio en la pequeña Lorena a través de la televisión. Inesperadamente, esta niñita era aún más habilidosa que ella. Sintió una profunda amenaza; ¡si era posible, Lorena no podía quedarse!
En la segunda ronda,