El rostro del hombre palideció, pero aun así apretó los dientes y le dijo a Luana: «No te hagas la inocente. ¿Alguien como tú no estaría seduciendo a tantos hombres solo para casarse con un hombre rico?»
Luana ni siquiera se inmutó. Si fuera a molestarse por un hombre común como aquel, dejaría de ser ella misma.
—Realmente eres un personaje curioso —dijo ella con calma—. Hablas conmigo como si tuviéramos intimidad, pero no nos conocemos y yo no le he dado el derecho de dirigirse a mí de esa man