Heitor observó fijamente a Hilda, notando sus cejas ligeramente fruncidas y el brillo de preocupación en sus ojos. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras preguntaba:
—¿Te preocupas por mí?
La expresión de Hilda cambió al instante y un destello cruzó su mirada. Respondió rápidamente:
—¡¿Quién dijo que me importas?! Soy solo una colega médica que intenta recordarte que no debes jugar con la salud de los pacientes.
¡Y mucho menos con un órgano tan complejo como el cerebro! No quería que una