Luana le dio unas palmaditas en la cabeza a Lucca y lo elogió.
Lucca sonrió radiante.
¡Feliz!
Sí, sabía que era muy capaz, pero cada vez que recibía un elogio de su madre, se sentía más feliz que si hubiera comido un dulce.
— Mamá, mira — dijo Lucca mientras tocaba a Luana y señalaba a Matteo, que estaba sentado en el sofá no muy lejos, perdido en sus pensamientos.
Normalmente, el estado de ánimo del pequeño mejoraba siempre que tuviera Legos para jugar.
Pero hoy estaba actuando de manera extra