Bajo la intensa luz de los faros, Luana ni siquiera podía abrir los ojos. Solo pudo levantar rápidamente la mano para protegerse y luego salió corriendo.
En ese momento, tres jóvenes vestidos como delincuentes salieron del coche y rodearon a Luana.
— Hermosa señorita, ya es tan tarde, ¿todavía estás aquí afuera esperándonos? — dijo uno de ellos.
La piel de Luana ya era muy clara, pero bajo la luz parecía brillar aún más.
Luana miró con desprecio las expresiones en sus rostros. Una sonrisa sinies