La escena de la familia de Luana reunida alrededor de las heces frescas de Mimi era tan inusual que la propia perrita, avergonzada, se escondió en un rincón para jugar con su propia cola. En medio de su diversión solitaria, escuchó el grito eufórico de Luana y los demás:
—¡Lo encontré!
Mientras la familia de Luana realizaba su búsqueda diligente y nada convencional, la policía trabajaba arduamente bajo el puente, removiendo cada piedra. Al recibir la llamada de Luana informando que el chip esta