A la mañana siguiente, Luana se preparó para llevar a los niños al trabajo como de costumbre.
Al ver que Matteo, por primera vez, no había dormido hasta tarde, me levanté temprano para vigilar la cama de Mimi y recoger sus heces. Luana entonces notó que Matteo parecía haber estado limpiando las heces de Mimi en los últimos días.
—Matteo, mamá va a trabajar ahora, ¿quieres venir conmigo? —preguntó Luana.
—¡Sí, mamá, quiero ir contigo!
Matteo no podía separarse de Mimi —no, en realidad no podía se