El Vicepresidente y su hija fueron tratados como basura y abandonados en la entrada de la residencia de la familia Curie. Los transeúntes los observaban como si fueran una extraña atracción.
Durante los últimos diez años había disfrutado de un prestigio inmenso y jamás había sufrido una humillación semejante. El odio que sentía hacia Mateo y Luana era como una tormenta torrencial que descendía del cielo y se extendía por todo su cuerpo.
—Papá, tengo mucho frío —dijo Felicia con voz llorosa.
El