Guto se giró ligeramente y vio la resistencia en los ojos de Camila.
Ella era la persona a la que más veneraba, y no permitiría que nadie mancillara su reputación.
¿Cómo iba a dejar que su diosa le pidiera disculpas a una mujer como Luana?
—Si la señorita Luana exige una disculpa, entonces la ofreceré yo. Soy el responsable de todo esto y, además, el superior de Camila.
Estaba convencido de que, al sacrificar su propia dignidad para preservar la imagen de Camila, Luana aceptaría sin dudar.
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