En cuanto Luana terminó de hablar, una capa de hielo cubrió los ojos de Alessandro. Rápidamente fue consumido por un incendio de rabia descontrolada y, con los dientes apretados, logró pronunciar dos palabras:
—Luana.
Luana apretó los labios, permaneció en silencio y lo miró sin miedo. Sus ojos claros y fríos como estrellas estaban fijos en él. Sí, su mirada podía ser intimidante… pero ¿quién temía a quién? Ella ya no era la misma de hace seis años, que se quedaba abatida durante días por una s