El colega que acababa de mencionar a Felipe palideció al instante; su voz temblaba de rabia:
—¡¿Qué te dije?! Los ordenadores de nuestro equipo contenían pruebas cruciales, ¡y ahora lo hemos perdido todo!
Intentó agarrar a Lucca por el cuello de la camisa para sacarlo de la silla, pero Mateus reaccionó con rapidez. Levantó la mano para bloquearlo y dijo con frialdad:
—Disculpa si te ofende, pero ya que no pueden resolverlo por ustedes mismos y necesitan ayuda externa… ¿no podrían al menos esper