Vivian llegó a la mansión de Mateus, se dejó caer en el sofá y permaneció aturdida durante un buen rato. De repente, sintió un peso sobre el hombro. Al girarse, vio que Lucca había apoyado la mano sobre él.
—Tía Vivian, déjame masajearte los hombros. Mamá dice que si te relajas, no estarás nerviosa.
—Yo te masajearé las piernas —añadió Mia, caminando con sus pasitos cortos hasta los pies de Vivian y agachándose para empezar.
Aunque las dos pequeñas no tenían mucha fuerza, los pellizcos la hacía