—No creas que puedes cambiar solo porque ese tal Mateus te adoptó y te convirtió en su juguetito de lujo —rugió Berta, escupiendo cada palabra con veneno.
—A mis ojos, vales menos que el abono de mi jardín. ¿Te atreviste a derribar mi portón y destruir mis flores? Te arrepentirás amargamente.
Berta se giró hacia los criados, que observaban la escena en estado de shock.
—¿Qué estáis esperando, inútiles?
¡Atrapen a esta zorra ahora mismo!
Todos en la mansión conocían a Luana.
Cuando aún estaba ca