La mente de Luana viajó a un pasado sombrío.
Recordó aquella vez en que Hortência montó toda una escena, y Alessandro, cegado por la furia, la castigó obligándola a arrodillarse frente a la lápida de la difunta matriarca de la familia durante un día y una noche enteros.
Berta, insatisfecha incluso con eso, ordenó apagar la calefacción.
Luana tembló bajo el frío glacial durante toda la noche, hasta desarrollar una fiebre altísima que terminó haciéndola desmayarse.
Aun así, madre e hija le imp