CAPÍTULO 84. MOMENTO DE SABER
Los delicados dedos de Antonella se deslizaron por las mejillas de Húnter.
—Eres un gran hombre —mencionó mientras sus hermosas orbes color avellana, se clavaban en los de él—. Mi corazón está ocupado —se aclaró la garganta—, lamento mucho no poder corresponderte.
Húnter tomó sus manos y besó su dorso.
—Me hubiera encantado escuchar que me dieras una esperanza aunque fuera mínima —resopló—, pero lo comprendo, viviste un gran amor y no estás lista para dar un paso más. —Sonrió con cariño—. Lleva