CAPÍTULO 51. UN PRESAGIO PELIGROSO
Horas más tarde.
—Disculpe la demora —Antonella mencionó al llevar a un domicilio en el que tenía una cita muy importante.
—No se preocupe señorita Bianchi, su asistente me notificó que le salió un imprevisto —la mujer sonrió.
—Agradezco que me esperará un poco más.
—Es mera formalidad —refirió la mujer—, prácticamente la casa a partir de este momento ya está a su disposición. Ambas ingresaron a la cochera, para después entrar a la casa—. Ya se le colocaron los closets, a las habitaciones, sub