Estaciono mi auto y salgo sosteniendo un arma en cada mano. Entro sin dudarlo dentro del gran garaje. Avanzo lentamente, apuntando mis dos armas al frente. Es silencioso Muy silencioso.
Me acerco a la luz y lo que veo me horroriza. Syra y Rayaa están allí. Ambos están atados a una silla.
- ¡Sira! Exclamé.
Levantan la cabeza hacia mí. Camino hacia ellos para desatarlos, pero al ver un punto rojo en sus frentes, me detengo.
- Caleb, vete. Me dice Syra, débilmente.
Pero no me muevo. No puedo dejar