La noche era densa.
Elisabetta estaba sentada en el borde de la cama de su habitación, mirando la pared. El ardor en su mejilla ya había desaparecido, pero el recuerdo de la mano de Tessa seguía allí. La bofetada. Las palabras. El recibo del hotel doblado como un arma en el bolso de su madrastra.
Había prometido intentarlo. Había prometido pedirle a Norman el trabajo. Pero cada vez que ensayaba las palabras en su mente, se sentían como veneno.
Se puso de pie. Caminó hacia el espejo. Su ros