La puerta se abre con un chirrido, pero no me molesto en comprobar quién es, asumiendo que son solo mis hermanos que regresan. Gran error. Lo siguiente que sé es que un chorro de agua helada me golpea directamente en la cara, sacándome de mi miseria.
—¡Qué mierda!—, rujo, poniéndome de pie de un salto, listo para hacer que la persona se arrepienta, pero entonces veo quién está ahí parada, con un vaso vacío en la mano, y mi corazón se detiene.
—Haisley—, exhalo. El agua gotea por mi cara y pecho