El rostro de Charlotte se iluminó con una sonrisa. Seguía con los ojos cerrados y la cabeza le daba vueltas, pero, aun así, sentía una emoción burbujeando dentro de ella, un renovado entusiasmo, una extraña sensación de felicidad.
Había algo diferente esa mañana.
Algo había cambiado.
Quizá era la fresca brisa que entraba por la ventana. Quizá el frío invierno. O tal vez el espíritu navideño que impregnaba el ambiente.
Pero si no era nada de eso...
Entonces debía de ser, sin duda, el maravilloso