Capítulo 38 —La jaula fría
Narrador:
Las horas se habían convertido en días, y la locura lo estaba consumiendo.
Roman no dormía, no comía, no hacía otra cosa que buscarla, que mover contactos, que revisar cámaras, que interrogar a cualquiera que pudiera tener una mínima pista. Pero no había nada. Nada.
Esa era la parte que lo estaba matando.
Porque si alguien la hubiera secuestrado, ya habrían pedido un rescate.
Si alguien se hubiera atrevido a tocarla, ya habría encontrado el primer rastro de