Capítulo 167 —La huída
Narrador:
La vibración de la puerta retumbó en la casa. Tres golpes secos. Aylin se sobresaltó.
—Ceniza y acero —escuchó salir de la boca de Santiago, sañia que esa era la señal, así que lo dejó pasar.
Santiago entró primero. Llevaba una chaqueta oscura, el rostro serio y el arma bien visible al costado. Detrás de él, diez hombres ingresaron sin decir palabra, moviéndose como piezas entrenadas de un tablero. Se dispersaron rápido, tomando posiciones estratégicas: ventanas,