Al levantarse, Luisa se percató de que la cabeza no le dolía tanto como había creído que pasaría. Con la mano en la frente y el calor de una mañana calurosa sobre su piel, lo primero en lo que pensó fue en el sabor de los besos de Mario y en la maravillosa noche que había pasado con él, solo eclipsada por…
—¡El intento de robo! —exclamó Luisa, revolviendo las sábanas que la cubrían.
Se levantó como si algo le hubiera pinchado las nalgas y dos segundos después ya estaba en el primer piso, en do