57. ARTHUR SIGUE AMANDO A NADIA.
Lía
Por la noche, mientras la brisa fresca entraba por la ventana entreabierta, me tomé una tacita de café junto con un par de pequeños pays, uno de limón y otro de piña. Traté de concentrarme en mis lecturas, aunque sabía que el sueño no llegaría pronto. Había pasado todo el día dormida, como si mi cuerpo intentara escapar del peso de mis pensamientos. Al mirar mi teléfono, noté un mensaje de Arthur. Sus palabras, acompañadas de dos tiernas caritas, decían:
—Te extraño, mi amor.
Sonreí y r